Al menos uno de cada cinco municipios acoge este tipo de celebraciones (no es posible establecer el porcentaje preciso porque una comunidad, Castilla-La Mancha, no facilita ese dato), pero están repartidos de manera muy desigual por la geografía: la mitad se celebran en la Comunidad Valenciana. El aumento general de las fiestas de todo el país se debe también, y casi en exclusiva, a su crecimiento en esa comunidad autónoma.
Esa pujanza contrasta, en especial en el caso valenciano, con el exiguo balance de las corridas profesionales en la Comunidad: en todo el año pasado, solo se celebraron 24 corridas de toros y cuatro de rejones en sus cosos.
Castellón, Valencia y Alicante, por este orden, acogen prácticamente todas las modalidades de la expresión más popular de la pasión por los toros. El más frecuente es la suelta de vaquillas (3.268, un 39% del total), seguido del toro embolado (1.828, el 22%) y el bou de corro o rogle (1.523, el 18%). Tres localidades celebran bous a la mar, un festejo en el que el astado termina en el agua: 35 se registraron en 2015, todos ellos en Dénia y Xàbia (Alicante) y en Benicarló (Castellón).
A una enorme distancia, Castilla y León es la segunda comunidad autónoma en número de festejos: 1.905, una cifra casi idéntica a la de años anteriores, en la que los encierros y las vaquillas son mayoría. Una comunidad uniprovincial, Navarra, le sigue con 1.573. La afición popular de los navarros se extiende mucho más allá de los Sanfermines, y, al igual que en la Comunidad Valenciana, va en auge: fueron 353 más en 2015 que en 2011.
En cambio, en el panorama general, la mayoría de comunidades sigue organizando el mismo número de festejos que hace cinco años. Baja un tanto Castilla-La Mancha, cuya afición se vuelca con las sueltas de reses (585 en 2015), los encierros en cascos urbanos (209) y también los campestres (186). En Aragón se organizan más de mil festejos al año.
En la Comunidad de Madrid (665), los encierros son las únicas actividades populares autorizadas. La siguiente comunidad en número de festejos, Extremadura (568), donde tampoco se permiten los toros enmaromados ni embolados, se comparte la afición con las sueltas. En Andalucía se celebraron 409 festejos taurinos, pero esta comunidad no ha facilitado datos de su tipología.
En La Rioja (312 festejos), cuatro de cada cinco son sueltas de vaquillas, aunque subsisten los toros enmaromados en Arnedo, Cenicero o Cervera. Los 164 festejos del País Vasco a las sueltas se añaden los sokamuturra, la variante local de los toros ensogados, que siguen celebrándose en Vizcaya y en Guipúzcoa.
Cataluña, una comunidad en la que están prohibidas las corridas de toros, mantiene la tradición de los correbous, bous a la mar o capllaçats (enmaromados) en la provincia de Tarragona, con más de medio centenar de festejos en 2015, pero también persisten los festejos, en una forma u otra, en Santpedor, Cardona o Badalona (Barcelona) o Rosas, Olot, Vidreres y Torroella de Montgrí (Girona).
En Cantabria, con 20 eventos anuales, solo se celebran encierros, mientras que en Baleares apenas subsiste una fiesta, la del correbou de Fornalutx, en Mallorca. Anecdótico es también el caso de la Festa Do Boi en Allariz (Ourense), en la que se enmaroma un buey y que es la única de este tipo en toda Galicia.
Según datos recopilados por Europa Press, hasta principios de septiembre de 2015 se produjeron diez muertos por asta de toro en festejos taurinos populares.Sputnik
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